Transtucé

Una voz en este libro espera que el invierno neoyorquino pase tan r�pido como la historia de Cuba. Ha llegado por primera vez a Manhattan o a Brooklyn y, antes de hacer silencio en los museos, se ha puesto a hablarle una carta de amor a la voz de otra. Tiene suerte para las orejudas porque han sido orejudas las mujeres de su familia. Est� falta de Heidegger, dice. Lleva una llave entre sus senos como las viejas esconden siempre una verruga. La llave de aquella casa, es lo que dice. Llave que podr�a ser la del port�n de Heidegger, en la Morada del Esp�ritu. En el lenguaje: esa...


























































