Manantial transparente (completo)
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Estos poemas me fueron surgiendo, sin artificio, poco a poco, durante mis estancias en los bosques húmedos de la selva peruana. Se deben al influjo y contemplación de estas rústicas geografías, y a la amistad de quienes las habitan. Algunos pocos llegaron a mí en bosques de Canadá y del noreste de los Estados Unidos, sobre todo en la región montañosa de Les Laurentides, en Quebec. Estas diversas latitudes y temperaturas impregnaron mi espíritu, calmaron mi mente y renovaron mi retina. Desde niño he amado el alejarme del vértigo urbano. Y también la quietud que da origen al verbo sabio. He saciado la sed que desde mi primera juventud me inflamaba. En aislamiento purgativo, con austeros alimentos, me liberé del entendimiento estrecho; ahora sé conversar con vegetales y garzas, con aguas y rocas, con la íntima anatomía de mis células y el fulgor de las estrellas. Antiguos iluminados visitan mis sueños. Las medicinas indígenas del Norte y las de mi vasta y múltiple patria, han abierto mis sentidos internos; y el viejo libro del Tao y algunos poetas Chan y Zen han acompañado mis peregrinaciones, diciéndome: el dedo que apunta a la luna no es la luna. La luz se despierta en los respiros y encauza el andar.
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