Niña de todos los países

Kully querría poder nadar o volar en vez de recorrer los hoteles de toda Europa tras el rastro de su padre, un escritor que se ha visto obligado a abandonar la Alemania nazi. Con diez años, ha descubierto que una frontera no es una verja de jardín tan alta como el cielo, sino algo que sucede en el tren y es imposible de cruzar sin pasaporte ni visado. Ella preferiría que fuera un simple pedazo de tierra en el que quedarse, construir una cabaña y desde allí sacarle la lengua a los países de derecha e izquierda. Aunque ha tenido que dejar el colegio, sabe que las matemáticas sirven para ...
